“La violencia que se registró en La Corregidora no tuvo que ser presenciada por los niños que acudieron al estadio“, así lo manifestó Arturo Hernández, un joven aficionado que, en exclusiva para 24 Morelos, dio su testimonio de lo ocurrido el pasado sábado cinco de marzo, durante el partido entre Querétaro contra Atlas.
Corría el minuto 60 del segundo tiempo, cuando Arturo y un amigo que lo acompañaba se percataron que del lado de la portería del equipo local se estaba originando un conflicto entre las barras de los Zorros y los Gallos Blancos, situación que provocó que gente de Gallos corriera en dirección a donde se encontraba la porra de Atlas, siendo esta acción, el inicio de una batalla campal.

El partido continuó por un par de minutos más, sin embargo, a lo lejos se observaban en las gradas diferentes enfrentamientos entre las porras y de un momento a otro, los aficionados del equipo visitante invadieron el campo para ocultarse y resguardarse, pero de igual manera los queretanos bajaron y ahí continuaron las agresiones.
Lo presenciado por Arturo lo dejó en shock, “se podía ver como los de Jalisco eran aventados a una zanja, que separa la cancha con las gradas, además de ser golpeados sin piedad, todo esto desarrollándose entre gritos de miedo, desesperación e insultos“, expresó el aficionado.

Ante esta situación violenta, la gente corría por doquier, se podía distinguir el rostro de temor y lleno de lágrimas de las madres que protegían a sus hijos, quienes lo único que querían eran salir del lugar y evitar que los pequeños fueran testigos de la masacre que se estaba suscitando.
Al respecto, Arturo mencionó que al darse cuenta que las agresiones ya estaban llegando hasta donde él estaba, le dijo a su amigo que se fueran del lugar y mientras corrían hacia el túnel, observaron a una pareja que estaban siendo cuestionados por seudoaficionados del equipo local.

Ante la angustia, los jóvenes eran interrogados para conocer de dónde venían, siendo Arturo quien se dirigió a ellos como si fueran sus familiares para poder sacarlos del lugar.
“A mi me preguntaron que de dónde era y les dije que de Querétaro y saqué mi INE, acción que nos ayudó a salir del estadio“, detalló el joven.
Mientras intentaban sacar con bien a la joven pareja jalisciense, se podía observar como había gente ensangrentada e inconsciente en los pasillos, hombres que continuaban siendo golpeados a pesar de que ya no reaccionaban y sin poder defenderse, la sangre se podía ver en todos lados dentro y fuera de las tribunas.
Algunos corrían para mantenerse a salvo y otros lo hacían para continuar agrediendo sin piedad a los aficionados del equipo contrario. Po lo cual, había personas que portaban navajas, cuchillos, varillas, palos o cualquier otro objeto que pudiera causar algún daño.

“Para mí fue muy impactante ver esa clase de violencia, da impotencia no poder ayudar porque pones en riesgo tu vida. Da coraje que esto lo vivan nuestros niños que solo van a disfrutar con sus padres de un partido de fútbol”, manifestó Arturo.
El estadio se tornó rojo se tornó rojo, pues las paredes y el suelo se encontraban manchadas de sangre, cuerpos desvanecidos y desnudos se podían ver por todos lados, algunos de ellos sin la certeza de seguir con vida o ya habían fallecido, ya que la brutalidad con la que fueron agredidos fue impresionante, y así fue como “La Corregidora pasó de ser un estadio de fútbol a una carnicería“.
Durante el escape que emprendieron Arturo, su amigo y la pareja de este, se dieron cuenta de la falta de seguridad en todo el inmueble deportivo, algunos guardias o policías fueron omisos ante la situación, no intervinieron en ningún momento, es más, hasta fueron partícipes de lo ocurrido, ya que más de uno ayudó a abrir las puertas de las rejas y se sumaron a las agresiones.

“Sí sentí miedo porque yo no llevaba playera de ningún equipo, entonces los chavos se te quedaban viendo y si intentabas correr era como si te delataras, la verdad sí teníamos temor a ser agredidos mientras salíamos“, narró el joven aficionado.
Afortunadamente lograron salir del estadio, sin embargo, aún no se encontraban a salvo, ya que de igual forma, a las afueras del recinto se estaban presentando riñas, por lo que los jóvenes continuaron siendo protegidos por Arturo y su amigo, llevándolos hasta su autobús, mismo que se localizaba del otro lado de La Corregidora.
“Después de lo que he vívido en el estadio, te puedo decir que por el momento no volveré a ir a un partido de fútbol, hasta que se garantice la seguridad para todos”, concluyó el aficionado.

Ante dicho suceso atroz, Arturo hizo un llamado a las autoridades correspondientes para que tomen cartas en el asunto, ya que hay material suficiente para identificar a los responsables y sean sancionados con todo el rigor de la ley.