Con uno de los estilos más emblemáticos del género, Chet Baker se ganó a pulso el apodo de “El príncipe del cool”. Muestra de ello son sus innumerables presentaciones, donde, con una voz melancólica y una trompeta precisa, Baker construyó una carrera que lo llevó a ser una de las figuras más populares del jazz, pero también a protagonizar uno de los finales más impactantes.
Chesney Henry
Nacido como Chesney Henry Baker Jr., Chet nació el 23 de diciembre de 1929 en Oklahoma, Estados Unidos. Hijo de un guitarrista, Baker estuvo en contacto con la música desde una edad muy temprana. Por ello, llegó a participar en concursos de canto amateur, así como en el coro de la iglesia.
Al ver su entusiasmo por la música, su padre le regaló su primer instrumento: un trombón, que poco después cambiaría por una trompeta. Pese a recibir cierta formación musical en el instituto de Glendale, abandonó la escuela para unirse al Ejército, donde ingresó a la banda militar. Sin embargo, algunas fuentes aseguran que Baker adquirió la mayoría de sus conocimientos de manera intuitiva.

Tras volver del Ejército y con un mayor bagaje musical, Chet se convirtió en músico profesional de jazz. Aprovechó sus aprendizajes autodidactas, su breve paso por la escuela y su colaboración con la banda militar para tocar en clubes de jazz, lo que marcaría el inicio de su trayectoria en la industria.
Dientes, drogas y esperanzas
Los inicios de Baker en la escena del jazz fueron muy diferentes a los de muchos músicos, pues desde el comienzo colaboró con estrellas ya consolidadas, como el saxofonista Stan Getz, Charlie Parker y Gerry Mulligan. Sin embargo, con la llegada del éxito y el reconocimiento, apareció un problema que ha afectado a miles de artistas: las drogas, siendo la heroína su sustancia predilecta.

De hecho, uno de los momentos más oscuros de su vida ocurrió en las calles, cuando fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. Los agresores le rompieron los dientes frontales, lo que le impidió tocar la trompeta y lo hizo caer en una profunda depresión.

Imposibilitado para tocar la trompeta, Baker dejó la música y trabajó en una estación de gasolina, hasta que, con la ayuda del también trompetista Dizzy Gillespie, decidió dar un giro a su vida. Con la ayuda de Gillespie, sobrellevó su adicción a las sustancias, pero nunca las dejó por completo. Desde cero, aprendió a tocar la trompeta nuevamente, en un proceso que calificó como doloroso y extremadamente complicado.
Chet Baker
Con esfuerzo, astucia y ganas de salir adelante, Baker logró recuperar su sonido característico en el instrumento y comenzó a presentarse en pequeños clubes. Esto marcó el inicio de su regreso a los escenarios. Con una nueva técnica, una dentadura postiza y más años encima, Chet Baker recuperó parte de la vida que perdió tras el incidente, volvió a conquistar a sus admiradores y realizó giras.

Finalmente, durante una de esas giras, la vida de Baker llegó a su fin de una manera peculiar, que hasta el día de hoy genera dudas entre sus admiradores. Baker murió el 13 de mayo de 1988, tras caer desde de su cuarto de hotel en Ámsterdam, Países Bajos.

Tras su muerte, dejó éxitos como My Funny Valentine, It's Always You, Tenderly y muchos más, que demostraron su maestría con el instrumento. Sus canciones también son reflejo de un alma que durante muchos años lidió con diversas problemáticas y que, a través de la sensibilidad y la melancolía de cada nota, acompañó a miles de admiradores que encontraron en la voz y la trompeta de Baker a alguien que los comprendía.