Todo comenzó en un hospital privado de Ciudad Juárez, donde permanecía almacenada una máquina de radioterapia comprada ilegalmente, que contenía Cobalto-60, un material extremadamente peligroso utilizado para tratamientos médicos, el problema era que nadie parecía recordar realmente el riesgo que escondía.

Vicente Sotelo Alardin, entonces empleado del centro médico, a petición del jefe de mantenimiento del hospital desmanteló la máquina el 6 de diciembre de 1983 para venderla como chatarra en el depósito conocido como Yonke Fénix. Posteriormente, cargó el material en su camioneta, donde perforó el cilindro que contenía el famoso cobalto-60, provocando que algunos gránulos de se dispersaran en el vehículo.

Por su parte, el material contaminado fue enviado a fundidoras para que lo transformaran en varilla para construcción y bases metálicas distribuidas en México y Estados Unidos. Miles de personas estuvieron expuestas sin saberlo. Casas, edificios, escuelas. Estructuras construidas con metal contaminado comenzaron a levantarse mientras la radiación viajaba silenciosamente entre ciudades enteras.

Pero lo más perturbador es que nadie descubrió el accidente inmediatamente. La contaminación fue detectada por accidente semanas después, cuando un camión cargado con varilla pasó cerca de Los Alamos National Laboratory y activó alarmas de radiación. Fue entonces cuando comenzó una investigación frenética.

Autoridades mexicanas localizaron una camioneta abandonada en Ciudad Juárez emitiendo niveles altísimos de radiación. El vehículo había permanecido durante semanas en una zona habitada mientras vecinos y familias convivían cerca sin imaginar el peligro invisible que tenían al lado. El caso rápidamente fue llamado por muchos como el “Chernóbil mexicano”. Y no era para menos, se estima que cerca de 4 mil personas estuvieron expuestas a la radiación y que más de 6 mil toneladas de acero contaminado circularon por distintos estados del país y de Estados Unidos.

Se lograron recuperar 2360 toneladas de varilla sin utilizar, sin embargo, en junio de 1984 se determinó que aún había miles de toneladas de varilla contaminada sin localizar, repartidas en los estados del centro y norte de México. Este sigue siendo uno de los accidentes más recordados, debido a las fallas de control, manejo y supervisión que permitieron la exposición de miles de personas a materiales peligrosos, y que aún sin saberlo, está presente la radiación invisible.
