Quizá conoces La Sirenita como una historia de amor. Una princesa del mar que lo deja todo por estar con un príncipe. Pero detrás de uno de los cuentos más famosos del mundo existe una historia mucho más profunda y especialmente relevante durante el Mes del Orgullo.

La historia original fue escrita en 1837 por Hans Christian Andersen. Y aunque nunca lo confirmó de forma explícita, muchos historiadores creen que el cuento refleja sus sentimientos hacia Edvard Collin, un hombre del que estaba enamorado y que nunca pudo corresponderle.

En una de sus cartas, Andersen escribió: “Mis sentimientos por ti son como los de una mujer”. En una época en la que amar a alguien de tu mismo sexo era motivo de rechazo, ese amor estaba condenado a permanecer en silencio.
La sirenita no solo desea enamorarse, desea pertenecer. Para lograrlo, renuncia a su voz. A aquello que la define. Cambia quién es para intentar ser aceptada en un mundo del que quiere formar parte.
En el cuento original, cada paso que da le provoca un dolor insoportable, como si caminara sobre cuchillos. Soporta el sufrimiento en silencio, mientras intenta encajar. Además, pierde la voz, porque la bruja del mar, le corta la lengua. Al final, el príncipe se casa con otra mujer y la sirenita pierde aquello por lo que sacrificó todo. Su destino es regresar al mar y convertirse en espuma.

Décadas después, la versión animada de Disney añadió otra capa a esta lectura. Howard Ashman, el letrista de La Sirenita y un hombre abiertamente gay, ayudó a dar forma a las canciones que hoy todos conocemos.
Cuando Ariel canta “Parte de él” dice frases como “que debo dar para vivir fuera del agua” y “disfrutar bajo el sol tu compañía sin condición", las cuales muchos ven reflejado el anhelo de pertenecer, de ser aceptado y de poder vivir libremente.

Ashman también trabajó en La Bella y la Bestia, cuya canción principal ganó el Óscar. Falleció en 1991 por complicaciones relacionadas con el VIH. Al final de la película, Disney le dedicó unas palabras que aún conmueven:
“A nuestro amigo Howard, quien le dio a una sirena su voz y a una bestia su alma. Estaremos eternamente agradecidos.”

A veces la representación está donde menos lo esperamos. Y las historias pueden hablar de diversidad incluso cuando no la nombran directamente.