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La aparición del diablo

Cuenta la leyenda que un día, mientras el señor Juan regresaba de pastar sus vacas en la zona llamada “El Llano” en los cerros del municipio de Tetecala, Morelos, se topó con un pequeño cerdo que deambulaba sobre una barranca.

Atardecía en la zona, por lo que Juan se apresuraba a volver a casa para llegar con luz de día, así que mientras avanzaba montado en su caballo escuchó el sonido característico de los puercos.

Decidió asomarse y ahí se percató que era un lechón, el cual se encontraba solo y sin ningún indicio de que perteneciera a nadie, por lo que decidió llevarlo consigo y cuidarlo hasta que creciera.

Mientras descendía, su caballo comenzó a alterarse, relinchando e intentando regresar; cuando se aproximaba más, el caballo parecía haber visto al mismo demonio.

Juan se sorprendió antes los acontecimientos y se dio cuenta que era imposible acercarse a caballo, así que optó por bajarse y llegar caminando hasta donde se encontraba el puerco, el cual ni siquiera se movió o hizo el intento de huir.

El hombre tomó al animal y lo cargó en brazos pero cuando estuvo lo suficientemente cerca del caballo, éste huyó desesperadamente y se detuvo varios metros adelante.

Juan, impactado, decidió amarrar al cerdo junto a una pequeña rama que ahí se encontraba e ir a dejar su ganado al corral junto a su hogar.

Cuando llegó con su familia les contó sobre lo ocurrido y de inmediato volvió hasta el punto donde dejó amarrado al lechón pero al llegar percibió que el animal ya no estaba.

Se acercó y encontró el lazo lleno de sangre pero sin ningún indicio de que hubiera forcejeado o de que alguien más lo haya desamarrado… únicamente estaba ahí la cuerda ensangrentada.

Buscó en los alrededores, encontrando únicamente pequeños rastros de sangre que se perdían en una pequeña cueva, misma en donde el cerdo no podría caber, sin embargo ahí se perdían sus huellas.

Desconcertado volvió a su casa, contó la situación y su padre, alarmado, agradeció que no trajera al animal, explicándole que no era un puerco como tal sino el mismo demonio que se lleva las almas de todo aquel que decide llevarlo consigo.

Juan, sin palabras, recordó que mientras intentaba agarrar al cerdo parecía que éste lo miraba fijamente a los ojos y entonces descubrió la profunda oscuridad en ellos.

Su corazón latía intensamente y durante varias noches sintió un miedo intenso que le impedía dormir con tranquilidad, además de pronto creía escuchar el sonido del cerdo como si estuviera rondando detrás de la cerca.

¡Ten cuidado cuando te encuentres a algún animal mientras regresas a casa! Podría no ser lo que parece.

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