En la mañana del 6 de octubre de 1995, Nicole van den Hurk, una adolescente de apenas 15 años salió en bicicleta rumbo a su trabajo en Eindhoven, Países Bajos. Era temprano, todavía oscuro, y nadie imaginaba que sería la última vez que la verían con vida.

La policía encontró su bicicleta abandonada cerca del río Dommel. Días más tarde apareció también su mochila, tirada cerca de un canal. Desde ese momento, el caso se convirtió en una pesadilla nacional, semanas enteras pasaron sin respuestas, hasta que el 22 de noviembre ocurrió el hallazgo más aterrador.
El cuerpo de Nicole fue encontrado escondido entre ramas y restos de vegetación en un bosque entre Mierlo y Lierop. Las autoridades confirmaron que había sido atacada brutalmente.

A pesar de ello, el caso permaneció sin resolver durante años, mientras el tiempo avanzaba, comenzaron las sospechas dentro de la propia familia. Uno de los principales señalados fue su hermanastro, Andy van den Hurk, quien incluso llegó a confesar públicamente el crimen en 2011.
Sin embargo, días después fue liberado por falta de pruebas. Más tarde aseguró que había mentido deliberadamente para obligar a las autoridades a reabrir el caso y realizar nuevas pruebas de ADN sobre el cuerpo de Nicole.

Y fue ahí cuando el caso tomó un giro todavía más oscuro, las nuevas pruebas revelaron ADN de otro hombre: Jos de G., un sujeto con antecedentes por agresiones sexuales similares.
Después de décadas de misterio, el hombre fue condenado por violación y homicidio involuntario en apelación, cerrando oficialmente uno de los casos más inquietantes de Europa.
