Transcurría el año de 1886 en Cuernavaca, Morelos, en donde se construía un edificio que con el paso de los años se convertiría en uno de los más importantes en la historia de la Ciudad de la Eterna Primavera, hoy conocido como el Museo de Cuernavaca.
Luego de culminar con su edificación, llegó a vivir al sitio una congregación religiosa que había sido mandada a traer por Hernán Cortés, quien les ofreció el recinto como su hogar ideal para vivir.

Enormes pasillos daban acceso a los dormitorios, en donde se caminaba sin zapatos de acuerdo con sus creencias, además de alimentarse de manera limitada pero entregando totalmente su fe.
Años más tarde, el sitio cambió de huéspedes y pasó a ser el Palacio de Gobierno, en donde acudieron personalidades como Porfirio Díaz; poco tiempo después comenzó la Revolución Mexicana, periodo en el que se perdieron “los años gloriosos” del inmueble.
El centro histórico de Cuernavaca fue conocido durante algún tiempo como “el triángulo de los espantos” y precisamente el actual Museo fungió como sede en donde se recibían a los cadáveres, conocido como el Semefo de la región.

Debido a la historia con la que cuenta, a la energía que dejaron los grupos religiosos que vivieron en él y la inmensa cantidad de muertos que llegaron ahí, se dice que pueden percibirse ciertos hechos paranormales e incluso escuchar algunos lamentos.
Sus paredes guardan un sinfín de secretos, vivencias, muertes y sucesos que en su momento forjaron fuertes energías que ahora predominan en el recinto.
Si algún día caminas por aquí de noche, ten cuidado y trata de no escuchar lo que se percibe cerca de su delimitación.