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Persistencia y evolución de “los grandes problemas nacionales”

Por Carlos Tercero

Andrés Molina Enríquez publicó en 1909 su magistral obra “Los grandes problemas nacionales”, que desde hace más de un siglo alertaba, sobre el cúmulo de adversidades que no solo detenían, sino que retrasaban el desarrollo nacional.

Personalmente, considero y mantengo la esperanza de que, como nación, estamos destinados a alcanzar grandeza y evolucionar a un nivele acorde a nuestras riquezas naturales y humanas, extensión territorial, bagaje cultural y posición geográfica.

Sin embargo, y desde entonces, poco parece haber cambiado, pues a pesar de la llamada de atención de Molina Enríquez, los problemas no solo no han desaparecido, sino que se han mantenido al paso de los años, con gran persistencia e incluso, han evolucionado al ritmo del devenir nacional. 

Para efectos de este espacio, hago énfasis en el capítulo final de su obra: “El problema político”, donde abordado con rigor y profundidad, define a la patria y sus orígenes orgánicos; sentenciando que “la palabra patria no es sinónima de raza, de pueblo, de sociedad, ni de estado”.

Y es precisamente en este tema de la Patria, que me detengo con ocasión del comienzo de septiembre, –mes de la patria–, coincidente con el inicio del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, tras la integración de las correspondientes mesas directivas en ambas Cámaras, por cierto, con algunos sobresaltos en el Senado de la República, donde se percibe un mayor entendimiento del soberano precepto de la división de poderes y que en los últimos años, parece diluirse en San Lázaro. 

El mes patrio, igualmente, vivió en su primer día, el Cuarto Informe de Gobierno, ejercicio central de la agenda política nacional, desarrollado en dos momentos: primero, el mensaje a la nación por el Presidente de la República y segundo, en la entrega formal del documento al Congreso de la Unión, por parte del titular del ministerio del interior; hechos que muestran claramente, la vocación política de mandar obedeciendo y la preeminencia del Secretario de Gobernación como líder político nacional y custodio de los más importantes asuntos de estado.

De entrada, lo anterior puede parecer un recuento desarticulado de temas, sin embargo, considero son muestra tangible de que muchos de los asuntos que preocupaban desde el porfiriato, siguen vigentes y en tal magnitud, que mantienen al ejercicio de la vida pública, en un estado convulso que en poco o nada ayuda al desarrollo nacional.

Por supuesto que es propio y plausible el espíritu cívico de festejar a la patria, recordar y conmemorar a las grandes mujeres y hombres que dieron hasta su existencia por la construcción del Estado-Nación Mexicano y fortalecer nuestra identidad nacional a través del vínculo que representan la bandera, escudo e himno nacionales, pues es precisamente esa unidad nacional, el común denominador que nos debe impulsar a todas y cada uno de los mexicanos para superar las diferencias, las adversidades que aquejan al país y que corresponsablemente nos atañen a todos.

La solución a estos problemas es todo, menos fácil, mas a lo largo de nuestra historia, son muchas las ocasiones en las que la unidad nacional nos ha permitido sortear los más severos infortunios, gracias tan solo, a nuestra férrea voluntad de anteponer el amor e interés por México.

Queda claro que los problemas nacionales, ni son nuevos, ni van a terminar mañana, pero debemos tener igualmente claro, que mucho de su solución, está en todas y cada uno de nosotros, en el asumir el tramo de responsabilidad que nos corresponda, pues en ello sin duda, Usted y yo, somos Terceros Interesados.

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