Natalia Hernández es una madre de familia originaria del Estado de Guerrero, hace 35 años llegó a Morelos junto con su esposo para tener mejores condiciones de vida, encontrando un terreno en la colonia Morelos de Jiutepec para vivir. “En los años 80 todo era mejor, junto con mi esposo compramos un terrenito, estaba todo vacío, pura terracería y me acuerdo que caminábamos a altas horas de la noche sin ningún peligro. En el centro las calles eran limpias y se podía transitar de mejor manera, no como ahora”.
Natalia, el 13 de agosto de 2015 sufrió un asalto que jamás olvidará…
“Venía sola del súper que está ahí en La Luna porque mi esposo trabajaba y no podía ir por mí, eran como las 7:45 de la noche cuando tomé la Ruta 2. Íbamos alrededor de 8 personas en el camión, con vidrios polarizados, música de los Tigres del Norte y el chófer manejando despacio. Yo me senté en los asientos de la parte de enmedio, porque atrás salta mucho en lo topes; como iba casi vacía, acomodé mis bolsas de súper en el asiento que da hacia el pasillo y me quedé en ventanilla. Mandé un mensaje por whatsapp a mi esposo avisando que iba en camino… y guardé mi celular”
Natalia nos cuenta que justo ese día había decidido irse en taxi porque le quedaba poco dinero y tenía que pasar por leche y pan a la tienda de abarrotes que está en la esquina de su casa.
“Venía pensando en comprar unos cuernitos, donas y leche para cenar. De repente en una parada de la Colonia Revolución se subieron dos hombres que pagaron su pasaje de forma normal; ambos llevaban gorra y chamarras café y negra, de piel morena y de baja estatura, uno se sentó justo atrás de mí, el otro vi que se fue más hacia el fondo”.
El momento del asalto
La señora Natalia nos relata la forma tan cruel que les pidieron las cosas los asaltantes:
“El que se sentó atrás de mí lo vi muy sospechoso, y hubo un momento que se asomó hacia mi asiento, me dio un poco de miedo y pensé en bajarme, pero continué porque faltaban menos de 5 minutos para llegar el Puente de la Morelos, lugar donde me bajaría. De repente pasando la esquina de la Escuela Primaria México los dos hombres se pararon abruptamente portando ambos pistolas y una navaja, uno se fue con el chofer diciéndole que no se parara, que apagara las luces y que se fuera despacio, el chofer obedeció. Las personas que iban sentadas en la parte de atrás comenzaron a gritar, una señorita estaba en una crisis de nervios y no paraba de llorar, los asaltantes nos decían groserías y pedían todo. A un joven le quitaron hasta sus tenis, a mí me arrebataron mi bolsa, mi celular, cartera y me tiraron las cosas que traía del súper. El asalto duró menos de dos minutos pero mi miedo continúa hasta esta fecha”
Así como Natalia, diariamente en Cuernavaca y los municipios cercanos se registran al menos 10 asaltos al transporte público sin que las autoridades hagan algo.
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