La tarde del 22 de agosto de 1983, Lori desapareció de la entrada de su casa en cuestión de minutos. Su padre había entrado por unas paletas mientras ella jugaba afuera. Cuando regresó, encontró únicamente un silencio aterrador y señales de que algo terrible acababa de ocurrir.

En la banqueta quedó una escena inquietante, el silencio absoluto y la ropa de la niña tirada cerca de la calle, la desaparición desató pánico inmediato en todo Colorado.
Vecinos comenzaron a hablar de un automóvil naranja o marrón que había sido visto rondando el vecindario días antes. Algunos padres aseguraron que el conductor observaba niños desde el interior del vehículo. Otros dijeron que intentó acercarse a menores cerca de escuelas y parques.

Mientras la búsqueda crecía, el miedo se expandía entre las familias, la policía recorrió montañas, carreteras y zonas boscosas durante tres días. Helicópteros sobrevolaban los alrededores mientras cientos de voluntarios buscaban cualquier señal de la niña desaparecida. Pero conforme pasaban las horas, muchos comenzaron a temer lo peor.

Días después, dos turistas escucharon algo extraño cerca de un viejo baño abandonado en las montañas, al asomarse encontraron a Lori viva dentro de un pozo séptico oscuro y profundo.
La niña había sido secuestrada, abusada y arrojada allí para morir. Cuando los rescatistas le preguntaron qué hacía ahí abajo, algunos testimonios aseguran que respondió con calma: “Yo vivo aquí ahora”. La frase persiguió durante años a quienes participaron en el rescate.

El responsable fue identificado como Robert Thiret, quien terminó recibiendo una sentencia que desató indignación nacional. Aunque el caso horrorizó a Estados Unidos, el hombre pasó pocos años en prisión antes de ser liberado.
Décadas después, el caso de Lori Poland continúa siendo recordado como una de las historias más aterradoras de supervivencia infantil en la historia criminal estadounidense.
