Era jueves, 11 de agosto de 2016, un día cualquiera de verano en Madrid. Georgina Rodríguez, de 22 años, trabajaba como dependienta en una boutique de Gucci cuando, según contó años después en su docuserie de Netflix "Soy Georgina", vio entrar a "un hombre guapísimo de casi dos metros", acompañado de un niño y de un grupo de amigos. Era Cristiano Ronaldo, entonces jugador del Real Madrid, de 31 años.
Ella misma ha contado que la reacción no fue precisamente de seguridad: "Pensé: ¿Qué me pasa? No quería ni mirarle, tenía mucha vergüenza", recordó en la docuserie. Del otro lado del mostrador, la versión de él, contada apenas unos días antes de su boda en una entrevista con Vogue, describe el mismo instante desde otro ángulo: "Yo estaba de espaldas a ella, me di la vuelta y la vi. Nuestras miradas se cruzaron, y a partir de ahí fue...", dijo Cristiano. Georgina completó la frase: "Fue un sueño". "Sí, un sueño", respondió él. "Sé que ella es el amor de mi vida, y creo que yo también lo soy para ella... creo que ella piensa que yo soy el amor de su vida", agregó, tras una pausa y una sonrisa.
Lo que vino después, según ha contado Georgina, fue una rutina que contrastaba con la vida que llevaba hasta entonces: ella llegaba a trabajar en autobús, pero cuando empezaron a salir, era Cristiano quien pasaba por ella a la salida de la tienda, "a veces en Bugatti", recordó, ante el asombro de sus compañeros de trabajo.
La relación se mantuvo en privado varios meses, hasta que se hizo pública en enero de 2017, cuando Georgina acompañó a Cristiano a la gala de los premios The Best de la FIFA. Diez años después de aquel jueves de agosto, el 11 de agosto de 2026, la pareja se casó en el salón de su casa en Cascais, Portugal, exactamente en el aniversario del día en que se conocieron.
No todos coinciden en esta versión. Pablo Boone, quien dijo haber trabajado con Georgina, ha asegurado en medios que la historia de la tienda Gucci fue, en realidad, una "estrategia de mercadotecnia", y que la pareja se conoció antes, en la discoteca Opium de Madrid: "Yo estaba ahí y me di cuenta de que no fue casualidad; él entró y se miraron y se enamoraron. No, ya se conocían de antes", declaró. Ni Cristiano Ronaldo ni Georgina Rodríguez han respondido públicamente a esa versión, y durante casi una década han repetido, en distintas entrevistas, la misma historia: la de la tienda Gucci.