En el municipio de Tetecala se cuentan diversas historias de terror, aquellas que durante décadas han mantenido a sus habitantes a la expectativa de cualquier hecho sobrenatural.
Una de las más sonadas es aquella que narra la existencia de “seres extraños” en la zona conocida como la huerta, en donde cruza el río Chalma y un canal de riego; de acuerdo a los pobladores, esos seres pequeños aparecen cuando alguien cruza solo por el lugar, intentando robar su alma.
Alberto, un hombre de campo y habitante del municipio, contaba hace décadas la ocasión en la que se le hizo tarde mientras araba la tierra para sembrar, por lo que de regreso a casa cayó la noche.
Durante el regreso, decidió pasar a darse un baño al apantle, deteniéndose junto a un enorme amate, amarrando su caballo y dejando su morral con la ropa en la orilla del canal; la primera vez que se sumergió sintió que “alguien” detenía su cabeza, por lo que rápidamente se levantó y descubrió que no había nadie.
Sintió miedo, pero decidió terminar la ducha, por lo que volvió a sumergirse, percibiendo unas pequeñas manos nuevamente empujando hacia el fondo del caudal y esta vez por un periodo más extenso.
Con esfuerzo logró sacar su cabeza del agua y entonces se percató de que varias “personitas” con cara arrugada estaban junto a él, quienes le pedía que volviera a meter su cara; en esta ocasión sintió escalofríos por todo el cuerpo y recordó que algunas personas habían desaparecido de forma extraña algunos meses atrás.
Decidió salir del agua, pero los seres evitaban que tocara la orilla, quitándole las manos de la barda y soltando unas extrañas carcajadas, advirtiéndole que “ya no saldría de esta” y que era momento de ir a otro lugar.
El caballo relinchaba desesperado y a lo lejos se escuchaba el ladrido de los perros, aquellos que se encontraban en las casas próximas, pero a kilómetros de donde Alberto permanecía; desesperado comenzó a maldecir a esas criaturas, deseando que no estuvieran ahí.
Pasaron algunos minutos, horas tal vez, cuando se percató de que los seres habían desaparecido, por lo que rápidamente salió del agua, tomó sus cosas, se vistió y de inmediato huyó del sitio arriba de su caballo.
Desde entonces Alberto decidió ser puntual con la hora de regresar a casa y mantenerse alejado de la huerta, principalmente en las noches que es el momento en el que se escuchan extraños sonidos que provienen de lo más profundo de la zona, además de aullidos de caninos que habitan por el territorio.